Por Enrique

Creo que todos tenemos libros que nos influencian, que nos marcan y que no necesariamente son grandes obras de la literatura universal. Quizás el mejor ejemplo que puedo poner es lo que me sucedió con los libros de Emilio Salgari. Libros como Los Tigres de Mompracem o Los Piratas de Malasia me marcaron la infancia, despertaron una afición a la literatura que hasta ese momento estaba dormida. Cuando le otorgué un 10 a otros libros, no hice lo mismo con los de Salgari, aunque quizás lo merezcan tanto o más, considerando que son tal vez la razón por la cual leo con devoción. Otra cosa que me pareció que obvié, fue que algunos libros como El Túnel, el libro de cuentos Todos los fuegos el fuego de Cortázar y Primavera con una esquina rota de Benedetti, no sólo merecen un 10 o calificación similar, sino que contribuyeron grandemente al boom latinoamericano.

Ahora viene la parte a debatir, sin querer ofender a nadie. Leí El paraíso en la otra esquina de Vargas Llosa, pero no sólo no me parece un 10, sino que no puede ser considerado uno de los libros que resaltan de Vargas Llosa. Excelentes son La Guerra del Fin del Mundo, Los Cuadernos de Don Rigoberto, y La Ciudad y los perros, pero el único que me parece se eleva al nivel de obra maestra es La Guerra del Fin del Mundo.

Conversaba con María Olga sobre Saramago, pero honestamente no me gusta ese estilo de no separar la narrativa en párrafos. Reconozco que es un autor excelente y que sus obras son profundas. Sin embargo es difícil emocionarse por un libro que te cuesta leer, emocionarse por algo que requiere demasiado esfuerzo. Quizás sea que soy poco aventurero con respecto a la literatura, que prefiero lo clásico a lo experimental o innovador, pero de cualquier forma, su estilo no es de mi agrado y por ello no lo incluyo entre los libros que me han marcado.